Déjame salir.

Yo no pinto ni compongo mundos, yo los describo, los colmo de vida con ayuda de tintas y superficies planas. Yo no soy un dios y aún así doy vida a metafóricas ninfas e idílicos paisajes. Yo soy quien da sonido a la lira de Apolo y luz a los ojos de Venus, soy yo quien hago crecer a mi antojo las magnolias y petunias, quien traza horizontes y da color a las aguas oceánicas. Soy yo quien da alas a gorriones en medio de una tormenta, quien roza el pelo del angora y suspira en los oidos de mundanos. Yo soy dueña de sus destinos, ama y señora de sus vidas, decido cuando mueren y ellos cuando nacen. Soy madre de huérfanos y amiga de marginales, soy maestra de ignorantes y confidente de pecadores. Soy quien hace amanecer soles de oro en el cielo y quien describe lunas de plata en el universo. Soy novata en el este arte y experimentada en la inmadurez, yo juego con palabras que fueron apartadas. Soy quien siembra mundos incorpóreos para después recoger sueños reales.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Historia de la teología de los ángeles.

Antes de admitir a los Angeles a la visión plena de Su Gloria (Visión Beatífica), Dios los sometió a una prueba, al igual que el hombre tuvo su prueba.
Luzbel, uno de los más gloriosos, elevados y bellos Angeles de la Corte Celestial, deslumbrado y ofuscado por el orgullo, habiéndose atribuido a sí mismo los maravillosos dones con que el Creador lo había dotado, se rebeló contra Dios, no aceptó el supremo dominio del Señor y se constituyó así en el "adversario" de su Creador levantando su gran grito de rebelión y de batalla: "No serviré" (Jer. 2, 20). "Seré igual al Altísimo" (Is. 14, 14). Muchos Angeles le siguieron en su orgullo. Se dice que hasta un tercio de ellos.
Pero en ese momento otro gran Arcángel, igual en belleza y gracia que el arrogante Lucifer, se postró ante el Trono de Dios y, en un acto de adoración profunda, opuso al grito de batalla de Lucifer uno de amor y lealtad: "¿Quién como Dios?" ("Miguel"). Y es así como San Miguel Arcángel obtuvo su nombre con su grito de fidelidad, y es así como Luzbel se constituyó él mismo en Lucifer, "Satanás" ("adversario"), el Enemigo, el Diablo.

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